En Lanzarote hablamos de montañas, aunque muchas de esas formas del paisaje sean en realidad volcanes. Decimos Montaña Colorada, Montaña Blanca, Montaña Roja o Montaña de Guardilama. El lenguaje local ha nombrado así durante generaciones a conos, cráteres y relieves volcánicos que forman parte de la identidad visual de la isla.
Esta forma de nombrar el territorio es una pista cultural: nos habla de cómo las personas han vivido, reconocido y explicado el paisaje mucho antes de que la geología utilizara otras palabras. Por eso, hablar de las montañas de Lanzarote es también hablar de volcanes, paisaje, memoria local y territorio.
Por qué en Lanzarote seguimos llamándolas montañas
En Lanzarote, la palabra montaña no siempre responde a una definición geológica estricta. Muchas de las montañas que nombramos en la isla son, en realidad, conos volcánicos, calderas o relieves formados por antiguos procesos eruptivos. Sin embargo, el uso popular ha mantenido durante generaciones la palabra montaña para referirse a estos elementos del paisaje.
Antes de que la ciencia explicara con detalle el origen de cada relieve, las personas que vivían en la isla ya necesitaban nombrar el territorio. Esos nombres servían para orientarse, trabajar la tierra, reconocer caminos, delimitar zonas de cultivo y transmitir referencias de una generación a otra.
Por eso, cuando hablamos de Montaña Colorada, Montaña Blanca, Montaña Roja o Montaña de Guardilama, no solo estamos nombrando una forma del relieve. También estamos usando una palabra cargada de memoria local.
El lenguaje conserva una relación cotidiana con el paisaje y nos recuerda que el territorio no se entiende solo desde los mapas o desde la geología, sino también desde la forma en que una comunidad lo ha vivido y nombrado.
Montañas, volcanes y paisaje: una diferencia importante
Desde el punto de vista geológico, una montaña y un volcán no son lo mismo.
Una montaña puede formarse por movimientos tectónicos, procesos de erosión o levantamientos del terreno. Un volcán, en cambio, se forma por la salida de materiales del interior de la Tierra: lava, cenizas, escorias y otros fragmentos volcánicos.
En Lanzarote, todos los relieves que llamamos montañas tienen origen volcánico. Algunos son conos bien definidos, otros son calderas, cráteres o restos erosionados de antiguos edificios volcánicos. Esta diferencia ayuda a mirar la isla con más precisión.
Lanzarote no tiene grandes cordilleras ni montañas altas como otros territorios. Su relieve es más bajo, abierto y volcánico, pero eso no lo hace menos significativo. Al contrario.
Cada montaña, cada cono y cada caldera ayuda a entender una parte de la historia de la isla: las erupciones antiguas, los procesos de erosión, la formación de los malpaíses, la adaptación agrícola y la manera en que las personas han aprendido a vivir en un territorio marcado por el fuego, el viento y la escasez de agua.
Relieves que ayudan a entender Lanzarote
Más que hacer una lista de montañas para visitar, merece la pena mirar algunos relieves como claves de lectura del territorio.
Cada uno cuenta algo diferente sobre Lanzarote.
Algunos hablan de la antigüedad de la isla. Otros ayudan a entender el volcanismo más reciente. Otros permiten leer la relación entre agricultura, paisaje y vida local.
No todos tienen el mismo origen ni la misma función dentro del paisaje, pero todos forman parte de esa imagen reconocible de Lanzarote: una isla donde el relieve volcánico no es solo fondo visual, sino parte de su identidad.
Peñas del Chache – 671 m
Es el punto más alto de Lanzarote. Su cima forma parte del macizo de Famara, uno de los terrenos más antiguos de la isla. La erosión ha moldeado este relieve durante millones de años, creando un paisaje abrupto y lleno de acantilados.
La Corona – 609 m
El volcán de La Corona es uno de los más emblemáticos de Lanzarote. Su erupción dio origen al tubo volcánico que conecta la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua. Su cono, bien conservado, domina el norte de la isla.

Atalaya de Femés – 609 m
Esta cima ofrece una de las vistas más amplias del sur de Lanzarote. Es un cono antiguo, muy erosionado, que se eleva sobre el pueblo de Femés. Sus laderas muestran coladas volcánicas mezcladas con antiguos materiales sedimentarios.
Guardilama – 603 m
Guardilama es un cono volcánico aislado entre La Geria y Tías. Su forma elegante destaca en el paisaje vitivinícola, rodeado por ceniza volcánica y viñedos. Es un punto perfecto para observar el contraste entre el malpaís y los cultivos tradicionales, y la ruta por Guardilama es una de las experiencias que he creado para Guia En Lanzarote, para interpretar el paisaje relacionado con el vino
Caldera Blanca – 458 m
Caldera Blanca es una de las elevaciones más singulares de Lanzarote. Su origen se debe a una erupción antigua y explosiva. Su gran cráter ovalado permite caminar por su borde y observar un paisaje de lava reciente rodeando un volcán muy erosionado.

Qué nos cuentan las montañas sobre Lanzarote
Las montañas de Lanzarote nos recuerdan que el paisaje no se entiende solo desde la geología.
También se entiende desde las palabras con las que una comunidad lo ha nombrado, recorrido y trabajado durante generaciones.
Aunque muchas de estas montañas sean volcanes, el nombre popular forma parte de la identidad de la isla. Nos habla de una relación cotidiana con el territorio, de una forma de orientarse y de una memoria construida sobre el relieve.
Cada montaña cuenta una parte distinta de Lanzarote.
- Famara habla del tiempo y de la erosión.
- La Corona, del origen volcánico del norte y del paisaje subterráneo.
- Femés, de un sur antiguo y trabajado.
- Guardilama, de la relación entre volcán, viñedo y paisaje agrícola.
- Caldera Blanca, de la superposición de edades volcánicas.
Mirarlas con atención permite leer la isla de otra manera, no como una suma de lugares aislados, sino como un territorio donde el fuego, el viento, la escasez de agua y la vida humana han dado forma a un paisaje profundamente cultural.
Por eso, hablar de las montañas de Lanzarote no es solo hablar de altura o de relieve, sino de cómo una isla se nombra, se habita y se comprende.
