Mujer conejera: la que escribe su propia historia
¿Porqué la mujer conejera?
«Conejera» es gentilicio para los habitantes de la isla. La mujer conejera, este post, es un homenaje a la mujer rural de Lanzarote.
Un poco de historia general
El 8 de marzo 1857, un grupo de trabajadoras de una fábrica textil en Nueva York se declaró en huelga para reclamar igualdad de condiciones laborales. Ese día hubo, al parecer, enfrentamientos con la policía. El 25 de marzo de 1911, en otra fábrica en Nueva York hubo un incendio en el que murieron 146 trabajadoras.
Pero no fue hasta 1977 que la ONU declaró el 8 de marzo como Día Internacional de La Mujer, tras unas avalancha de reivindicaciones en diferentes países; reivindicaciones en las que las mujeres pedían igualdad de condiciones laborales y sociales.
Si quieres saber más sobre el origen de este día, te invito a leer este artículo del National Geographic
La mujer conejera
La isla de Lanzarote tiene nombre de mujer en su historia y en sus pueblos. Son mujeres que han hecho historia, que han reivindicado, quizás sin saberlo, su libertad de acción, de elegir y de amar.
Vamos a descubrir a la mujer conejera en todas sus facetas.
La mujer conejera en la historia
Las princesas indígenas
Teguise: princesa rebelde (o empoderada)
Teguise era hija del rey Guadarfia, último rey indígena de Lanzarote. El matrimonio entre Teguise y Maciot simbolizó la unión entre el mundo europeo e indígena de las islas. Fruto de esta unión fueron dos hijas, Margarita 8que se casó con Juan Arriete Perdomo) y María, que llevó su padre a Madeira.
La princesa Yaiza y una bonita historia de amor
Yaiza, era una hermosa princesa, hija del rey (no se sabe bien de quién). Vivía en un palacio en la loma de una montaña y se enamoró de Acaymo. Su padre quería que se casara con el príncipe Layn.
Ante una negativa de Yaiza, el rey decidió que los dos jóvenes se enfrentaran en una prueba de valentía. Tenían que ir a buscar una planta que solamente crecía en la isla de Vay-Bey; el que ganara la prueba se casaría con Yaiza. Layn fue el ganador de la prueba pero, vista la tristeza que esto causó en Yaiza, el rey aceptó que la hija se casara con Acaymo.
Uga: niñera de una princesa
El pueblo de Uga es conocido por su escultura de camellos y el salmón ahumado. Uga también fue la niñera de la princesa Ico.
Según la leyenda, durante la Conquista, el rey Zonzamas recibió a Martín Ruiz de Avendaño y su tripulación. Nueve meses después de su partida, la reina Fayna dio a luz a Ico, una niña de piel blanca. Tras la muerte de Zonzamas, su hijo Timanfaya fue capturado, y el trono debía pasar a Guanarteme, esposo de Ico. Pero el pueblo dudaba del origen noble de la princesa. Para probar su linaje, encerraron a Ico con tres mujeres en una cueva llena de humo. Su niñera, Uga, le aconsejó humedecer un trapo y taparse la boca. Ico lo hizo y sobrevivió. Así, demostró tener sangre real.
Mujeres más allá de las historias y de las leyendas
Pero la mujer conejera no siempre ha tenido nombre y apellidos propios.
Son muchas las mujeres conejeras anónimas que han hecho grande esta isla, desde las campesinas hasta las mujeres salineras, y las que trabajaban en las industrias conserveras de la capital Arrecife.
Las que labraban la tierra
Han sido y son muchas las mujeres que desarrollan el trabajo en los campos de Lanzarote. Y son mujeres anónimas pero cuya labor ha sido siempre fundamental.
Allá por los años 80 del siglo pasado, el gobierno local quiso impulsar – para frenar el monocultivo del turismo – el cultivo de las tuneras. Se trajeron estas plantas de Tenerife y, en los pueblos de Mala y Guatiza (norte de la isla) los hombres empezaron a preparar el terreno para plantar las tuneras. Una vez plantadas, se encargaron de cuidarlas y darles una forma para que crecieran con cierto orden.
Llegada esta fase, entraban en juego las mujeres. Ellas eran las encargadas de colocar calcetines o saquitos en las pencas de las tuneras. Ahí dentro estaban los parásitos de la cochinilla, las hembras. Éstas dejaban las crías en las pencas, que se iban alimentando de la savia. Cuando las crías ya crecían, las mujeres pasaban a recolectarlas para proceder a su posterior secado y empezar a obtener el tinte rojizo, que ellas utilizaban luego en las labores textiles, para dar color a las prendas que iban cosiendo o hilando.
Y también muchas fueron las mujeres anónimas que trabajaban en los viñedos, mientras los hombres se encargaban de las labores en las bodegas. Y si eso fuera poco, mientras los hombres pasaban meses y meses en la mar pescando, ellas se encargaban de la economía doméstica, de criar a los peques de la casa, de hilar y tejer, de cuidar la tierra y, sobretodo, de recolectar la sal para cuando sus maridos o hijos volvieran de la mar con el pescado.
Entre Lanzarote y La Graciosa

Esta foto se ha convertido en una de las mejores instantáneas del fotógrafo originario de Haria, Javier Reyes. Retrata a las mujeres de La Graciosa bajando el Risco de Famara para volver a su isla.
Estas mujeres, salían en barco desde La Graciosa hasta llegar a la playa bajo el Risco cruzando El Río. Aquí cogían sus cestas llenas de pescados y subían el acantilado para llegar al pueblo de Haria. Aquí cambiaban el pescado por frutas y verduras, llenando así de nuevo sus cestas con los productos del campo. Y vuelta atrás. ahora tocaba recorrer el camino a la inversa para volver abajo, a la playa, subirse a los pequeños barcos, volver a cruzar El Rio para llevar a La Graciosa estos productos recolectados en el campo de Lanzarote.
Las artesanas
Y si dirigimos la mirada al mundo de la artesanía, no puedo no mencionar a Doña Dorotea Armas, una mujer conejera nacida en el pequeño pueblo de El Mojón, norte de la isla. Doña Dorotea era una alfarera, una de las pocas mujeres que trabajaban el barro haciendo verdaderas obras de arte. Su creación más conocida son los novios del Mojón, pequeñas estatuillas que representan a un hombre y a una mujer con las partes genitales desproporcionadas.

Fue el sentido del humor de Doña Dorotea que quiso dar una forma desproporcionada a los genitales de estas dos figuras, que las parejas se regalaban en el momento de prometerse amor eterno, y de comprometerse para vivir una vida juntos.
Reflexiones para terminar
La historia de una tierra no se puede entender sin conocer su esencia, sin conocer a todas aquellas personas que han dejado una huella, aunque esta huella sea invisible a primera vista. Hay que ser curiosos, querer descubrir para entender la idiosincrasia de un lugar.
El papel de la mujer conejera es muchas veces olvidado y poco mencionado. Y en todas las rutas, tanto a pie como culturales, no dejo de hablar de esa mujer conejera que ha marcado la isla: ayudando en la vendimia, recolectando sal, haciendo rosetas o cuidando del hogar.
